Ciudad Ajena, de Patricia Colchado

Chimbote en Línea (Por: Ricardo Ayllón) Nacida en Chimbote, en 1981, Patricia Colchado reside en Alemania y desde allá brinda a sus lectores una producción literaria permanente. En narrativa ha publicado el volumen infantil “La pequeña bailarina y otros cuentos” (2008), la nouvelle “La danza del narciso” (2011) y la novela para niños “Las tardes tiernas y orejudas” (2014); mientras que sus libros de poesía son: “Blumen” (2005), “Las pieles del Edén” (2007) y “Ciudad ajena” (Paracaídas, 2015), libro que ahora nos reúne.

El volumen está dividido en dos partes: “La ciudad y sus prisiones” y “Lima”, la primera con 11 textos y la segunda con cuatro. Breve en su acabado final, los poemas que lo integran son también de pocos versos y revelan las dificultades emocionales del yo poético. Si desde el título la primera parte anuncia un sentimiento de encierro (‘prisiones’), muchos de los poemas que la integran son sin duda un complemento: “Ciudad destruida”, “Ciudad tristeza”, “Ciudad resignada”, “Ciudad oscura”, etc.

Las ciudades, que constituyen un sostén del eje temático, funcionan como sentimientos expuestos en un discurso fluido que alegoriza desde diversas alternativas argumentales, como: el encierro: “A mi lado hay dos mujeres que intentan volar / (como todos los que habitamos aquí dentro) (…) La hora de visita es breve, / pero / mantenme al tanto / de todo lo que ocurre afuera” (p. 11); la pérdida de la inocencia: “No me escuchan, / no saben que ya arranqué / todas las peonías / que arropaban mi inocencia” (p. 17); el dolor: “Sé vivir con el dolor / yo misma me siento el dolor más perverso” (p. 19); o la tristeza: “La tristeza es la forma más bella / de habitar, me lo repito a diario” (p. 21).

Pero todos estos argumentos aparecen bañados por una soledad rotunda que se trasluce a lo largo del libro en forma de distancia (“extrañaré sus voces”), ajenidad (“y el idioma que todos hablan me es ajeno”), dispersión (“Ya no estoy hecha de pedazos, / sino de restos”), sustracción (“me he despojado de mí misma”), orfandad (“Cuando yo nací / la muerte se quedó huérfana de hija”) y desarraigo (“podría seguir amaneciendo, / después de haberme arrancado / muchas veces de la noche”). Todas estas, premisas o consecuencias de una condición que otorga muy bien título al libro.

La segunda parte, recurre a lugares públicos de Lima para ahondar en temas estrictamente amorosos donde convergen la memoria, la nostalgia y el testimonio, desde una voz que le habla al ser amado mediante un discurso directo, y donde el yo poético expone también los rasgos de su propia personalidad. La rauda presencia de parques, edificios, paredes, taxis, etc., conforman el escenario de una desolación que combina bien con el espíritu de la primera parte del libro; el cual, ya como conjunto, nos muestra una expresión más desarrollada y segura en la realización lírica de Patricia Colchado.

 

 

 

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