Chimbote en Línea (Por: Guillermo Martínez Pinillos) Para mal-apagar incendios y enfrentar la corrupción en Ancash, se designan comisiones de todos los poderes y fuerzas, que incluyen a la sociedad civil. Nuevamente la puntería está en las consecuencias y no en las causas.
La corrupción es la palabra que más se usa al referirse a la política. En el Perú, casi un 60% de la población percibe que debemos enfrentar a la corrupción pues retrasa el desarrollo.
Convertida en un indicador de subdesarrollo y pobreza, afecta complejas variables, en todas sus modalidades. Cada vez son menos las personas que cumplen la ley; desconocemos e irrespetamos las normas. Abuso de autoridad, soborno, cohecho, lavado de activos, licitaciones fraudulentas, conflictos de intereses, que hoy ocupan portadas y extensos informes periodísticos.
El folclore del “vivo”, es ahora todo un sistema de corrupción. Se ha alimentado con nuestros oídos sordos, elogios y hasta participación, afirmando conductas corruptas: roba pero hace, ya te estás ganando alguito, la plata llega sola…
La política es una disciplina de privilegiados y a la vez una ratonera de burócratas cuyo poder es la ignorancia colectiva. Pero, las llaves para enfrentar a la corrupción existen; están ahí para ser desarrollados y empoderar a las mayorías. Presupuestos participativos, rendición de cuentas, consejos de desarrollo, comités de gestión de obras, administración directa de recursos. Amplia oferta de condiciones para modificar modelos de gestión y enriquecer este sistema representativo con más participación. Una receta anticorrupción sería que la vigilancia y la gestión sean de todos, participando todos.
(Foto: Corrupción en la mira)