Chimbote en Línea (Por: Eve Angulo Linares) Ni bien llegue a casa busqué el programa typewiter, lo instalé y a los pocos minutos ya estaba escribiendo en mi teclado con el sonido de la máquina de escribir.
Tan, tan, tan, tan, quise sentirme como Vargas Llosa en los tiempos donde no existían las computadoras. Ahora que ya estaba mentalmente trasladada a esa época, me tracé la meta de acabar mi crónica de 50 líneas sobre el taller: “¿Cómo se desarrolla la creatividad a través del libro? Teoría y práctica” que el escritor Jorge Eslava dictó junto a Ítalo Morales y Diego Rojas, en Chimbote.
¿Cómo empezarla a escribir? Mi dilema, el dilema de todos los que están frente a una computadora con el Microsoft Word abierto o con un papel en blanco. Entonces empecé a recordar reflexivamente las recomendaciones de ese día.
Cuando entré al auditorio me di cuenta que el evento estaba dirigido a docentes y aspirantes a escritores. Me atrevería a decir que no vi a ningún chimbotano que no fuera docente de algún curso relacionado a la literatura.
Me senté justo cuando Diego Rojas estaba contestando una de las preguntas de Eslava y su respuesta me impactó tanto que la traduciré a mi manera.
Para escribir no hay que ponerse a pensar qué vas a escribir. Las ideas llegarán como destellos cuando no te digas a ti mismo ¿Ahora qué historia invento?
Puedes estar en el carro y ver que el cobrador no acepta que una universitaria le quiera pagar medio pasaje y escribir sobre ello. Tampoco cometas el delito de imitar el estilo de tu escritor favorito, ni lo intentes porque no te saldrá, nunca lo harás, porque cada uno es un proyector diferente, con un enfoque particular de invenciones.
Siete años antes leí que Vargas Llosa había escuchado la noticia de que un perro había mordido el pene de un niño y que le causó tal asombro que de ella nació la obra “Los Cachorros” que para mí es una de las mejores.
Sentada al frente de estos tres hombres confirmé que las mejores historias han sido escritas sobre situaciones cotidianas.
Será mejor que escribas una historia que la tengas rondando en tu cabeza, mentalmente escrita; es un hecho que en el camino habrán ciertos ajustes, pero el sentido no cambiará.
Para esta explicación Rojas citó la respuesta que Gabriel García Márquez le dio a un reportero cuando le preguntó cuánto tiempo le tomo escribir Cien años de soledad; y éste le respondió “Averígualo tú”. La respuesta a esa interrogante no se sabrá jamás pero posiblemente la idea le rondó por la mente desde su infancia y con los años la fue perfeccionando.
Cada pregunta y respuesta que daban era una sensación que solo los que suelen redactar pueden sentir, es como una sensación de alivio, el tono de sus voces suaves combinaban con sus frases motivacionales: “el libro es la invención de la inteligencia”. Era música que deleitaba el cerebro y para variar me sentía identificada al igual que todos los presentes con los errores que ellos habían tenido cuando eran unos amateurs de la escritura.
Algunas explicaciones que aportaban eran ricas en sapiencia pues citaban frases y pensamientos de Mario Vargas Llosa, mi escritor preferido. La cita que destacaron de él fue la de su obra Cartas a un joven novelista: «Querido amigo: estoy tratando de decirle que se olvide de todo lo que ha leído en mis cartas sobre la forma novelesca y de que se ponga a escribir novelas de una vez.» Tomé en serio esa recomendación y salí del auditorio allí mismo.
¿En dónde escriben?, fue la otra pregunta y la respuesta me siguió hasta mi casa. Ítalo Morales dijo que cuando empezó a escribir lo hizo en una máquina de escribir vieja que hacia un ruido que despertaba a toda su familia por las noches.
Esa máquina, que la mayoría de escritores reconocidos también la utilizaron para redactar geniales obras y que incluso habían personas que descargaban un programa para hacer que sus teclas de computadoras sonaran igual que ese aparato.
Esa fue la razón de que yo también lo hiciera, para sentirme como una Mariana Llosa a ver si así me afloraba la creatividad pero me di cuenta que para aprender a escribir bien tenía que empezar a teclear y desteclear con mi propio estilo y ritmo. Lo desinstalé.
Imagen: Documental "Manuel Rotellar”