Chimbote en Línea (Por: fray Héctor Herrera) El evangelio de Juan 13,1-15 nos muestra a Jesús, quien había entregado su vida, sanando a los enfermos, dando la vista a los ciegos y devolviéndonos nuestra dignidad de personas e hijos de Dios, se despide: “sabiendo que había llegado su hora, habiendo amado a los suyos, los amó hasta el extremo”(v.1). Quiso ofrecernos la comida del amor y de la amistad para afirmar la fe de los suyos y cumpliéramos nuestra misión de ser servidores unos a otros.
Él mismo nos dio el ejemplo de servicio, se levantó de la mesa y se puso a lavarles los pies de los discípulos (v.4-6). Jesús nos da el gesto de servicio. El Dios que se ha encarnado en nuestra historia, se hizo siervo, esclavo, como nos recuerda el apóstol Pablo: no hizo alarde de su condición divina, sino que tomó la condición de esclavo y se humilló hasta la muerte y muerte en cruz (cf. Ef 3 6-8)
Jesús con su gesto de servicio nos llama a ser una comunidad servidora ¿Quién es mayor? ¿El que está a la mesa o le que sirve ¿No es acaso, el que está a la mesa? Pero yo estoy en medio de ustedes como quien sirve (Lc. 22,27). El gesto es estar en comunión con el maestro.
Jesús vivió como pobre y quiere que su Iglesia sea ejemplo de pobreza y de humildad, que acoja a los más despreciados de este mundo. Todos cabían en su corazón. Con su testimonio de vida nos da ejemplo a sus discípulos, como Pedro que no entiende el servicio ni la pasión de Jesús. Pero cuando le dice: “Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo” (v.8).
Y acepta ser lavado para no separarse de Jesús. También nosotros necesitamos ser lavados en nuestro corazón y mente para comprender el significado profundo del amor de Jesús que es servicio a los más necesitados.
Jesús nos da una mirada profunda a toda la comunidad ¿Comprenden lo que acabo de hacer? Ustedes me llaman maestro y señor y dicen bien. Pero si yo, que soy maestro y señor les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies unos a otros” (v. 13-14). Este es el mandamiento nuevo: amor y servicio. Hacer lo mismo que Él hizo es un urgente llamado a todos los cristianos para ser parte de Él y vivir unidos entre nosotros.
Lavar los pies unos a otros es devolverle la dignidad como personas a tantas niñas, os, jóvenes, mujeres, varones, ancianos que esperan una mano fraterna, una palabra compasiva y generosa que gaste su vida en hacer lo que nos enseña Jesús. Es el camino del cristiano que cree que Jesús está en medio de los sencillos y de los que acogen su Palabra para hacer realidad la comunión entre personas, para vivir la eucaristía en el pan compartido con gestos de solidaridad.