Chimbote en Línea (Por: Ricardo Ayllón) Metido de lleno en mis asuntos personales, había descuidado las noticias regadas en los medios; una de ellas, el estado de gravedad del hijo de mi amigo el poeta chimbotano Dante Lecca. Por eso cuando la noticia definitiva y honda de su muerte llega a mí por una llamada telefónica de Kely, mi esposa; y es confirmada en Facebook desde el muro de la periodista Gladys Ortega, quedo enmudecido, marcado, vacío.
No tengo palabras para articular lo que siento, y, sin embargo, sé que tengo todas a mi disposición para expresarle mi pesar a Dante. Intento ponerme unos segundos en sus zapatos y es un mar tenebroso el que se agita debajo, queriendo devorarlo todo.
Y claro que pienso también en Olivier, su hijo. Mas no en el muchacho de 24 años que acaba de dejarnos tras unos días de sufrimiento inenarrable, sino en el niñito de 6 años que conocí en Chimbote mientras hacía mis primeras migas con Dante.
Olivier era un chiquillo parco, algo distante por el momento difícil que sus padres venían pasando, y, sin embargo, era también un muchacho inteligente, libre para decirle a su papá lo que pensaba acerca de la vida. “Es un pequeño adulto de seis años”, decía Dante acerca de él con orgullo.
Más de una vez acompañé a mi amigo a recogerlo al colegio Indoamérica, en la cuadra siete de Olaya, donde Olivier cursaba el primer grado; más de una vez nos fuimos los tres a comernos un apurado menú en alguna fonda del centro de la ciudad, y más de una vez escuché la delgada vocecita de Olivier increpando a su padre por la calidad de la comida, o rebatiendo alguno de nuestros alocados planes de poetas. Porque ya se notaba en Olivier que él no sería como su padre, si no que sus tempranos intereses iban más por la ciencia o por las grandes preguntas de la vida… Y sin embargo, todo esto ahora se ha quebrado.
Y he llamado a mi amigo para darle el pésame y ofrecerle mi ayuda en lo que necesite, y no he tenido palabras. He sido breve, directo, quizá frío; y me asombra más tarde la enorme voluntad de mi amigo para enviarnos a sus amigos el poema que viene a continuación a nuestros celulares, vía mensaje de texto.
Me asombra esa fortaleza para escribir mientras parte a Arequipa a darle la última despedida a ese pequeño niño de 6 años que un día Dante vio partir de regreso a la ciudad de Ilo, donde vivía su madre.
Esta será una nueva partida de Olivier, la última; y Dante Lecca lo expresa del siguiente modo, mostrando que la vida y la muerte solo son un estado de tránsito en toda la eternidad que nos contiene.
Voy a visitar a mi hijo Olivier que vive en el sur
Por: Dante Lecca
Voy a visitar a mi hijo Olivier que vive en el sur,
a la ceremonia de su graduación.
Lo veré sonriente y feliz
mostrándome orgulloso su título de ingeniero.
“Lo logré, papá”, me dirá
y yo le palmearé la espalda.
Me voy a visitar a mi hijo Olivier que vive en el sur.
Se va a casar con Raisha, su amor de toda la vida.
Ambos me han dicho que no puedo faltar.
“Para tomarnos una chela, papá,
tiempo que no nos vemos”
Me voy a visitar a mi hijo Olivier que vive en el sur
y me encuentro con su funeral.
La muerte devoradora de sueños
ha raptado su cuerpo y me lo devuelve como un león marino
varado en la playa, quemándose al sol.
Una espada de lágrimas atraviesa mi garganta y mi corazón.
Guerrero que agoniza en mis brazos,
abre un poco sus ojos y se emociona al verme.
Las olas feroces del olvido vienen a llevarlo
pero unos ángeles que vienen de la infancia se lo impiden.
Entonces Olivier se levanta
y volvemos a corretear juntos
por las playas de arena de Chimbote,
por las playas de piedra de Ilo,
bajo el cielo azul de Arequipa,
desde donde ahora nos miras con tu sonrisa eterna.