Escrito en un café mientras la gente se degüella por sobrevivir un día más
Chimbote en Línea (Por: Víctor Pasco) Ornitorrinco: Te escribo desde la interzona. Un lugar donde tal vez tú también ya hayas estado. Cuando lo prohibido empieza a gustarte debes desconfiar, en primera, de ti mismo; en segunda, de aquello que te llevó hacia a aquel placer que no debe darte placer, y en tercera, de todos los demás.
Hace poco Tita me llevó a arreglar mi vieja Silver Red, parece que he se ha fundido entre la nieve y el fuego y ha cobrado una nueva vida, un nuevo cuerpo, y sus teclas suenan maravillosas, hacen eco en la oscuridad y tosen por el humo del cigarrillo que escapa entre mis dientes a la nada. He recuperado las ganas de escribir. Pero, me he perdido a mí mismo.
Todo escritor tiene placeres culposos, escritos por los que no quisiera ser recordado, sin embargo ese proceso de escritura ha sido vital, imposible de evitar. Me ha pasado con aquel libro doble, me pasa poco, ahora escribo cosas que nunca me imaginé escribiendo. Los placeres culposos te llenan el alma, son como los músculos del esqueleto: no dejes que sean todo el cuerpo.
Hace poco te pedí el dato de un lugar… bueno, yo no fui a aquel lugar a hacer lo que pensabas que haría. Nos pasamos fumando cosas verdes. No he tenido tiempo de decírtelo, creo que ambos hemos estado muy ocupados con nuestras vidas y problemas. Ahora te digo, no sé si sea muy tarde, no sé si te importe. De todas formas te doy por enterado del asunto ese.
Ahora no sé en qué circunstancias me encuentro. Veo gente venir con mi cadáver. Veo niños querer morderme rabiosos en la yugular. Aunque enloquecer es un acto irracional, creo que estoy rebasando los límites de la cordura. Estoy apoyado en una pared húmeda, áspera, que me desgarra la piel y lloro. Escribo maravillosamente y lloro. Fumo y lloro. Bebo y lloro. No lo sé, algo se ha salido de control. Pero, a pesar de todo, escribo. Soy feliz en mi extraña complacencia literaria.
Extraño el invierno, el ambiente húmedo, las largas avenidas mojadas y la masa de gente amontonándose alrededor de un vendedor de sebo de culebra o un cómico ambulante o lo que sea que les llame la atención (en realidad son gente que llega de provincias y se maravilla con estas cosas vanas).
Los otros están en los bares, regateando libros, escribiendo o pintando en un barrio marginal. Y yo estoy al centro de todo, con poco dinero, lo justo para unos cuántos libros, un buen desayuno de cinco soles y unos cigarros para la caminata. Ah, lo olvidaba, lo justo para volver a casa y dormir la mitad del día. Al centro de todo.
P.D. 1: Las máquinas de escribir no se convierten en cucarachas gigantes. Somos nosotros los que mutamos y somos objetos para las máquinas de escribir. Somos meros objetos a su total disposición.
P.D. 2: NO HAY BOLETO DE SALIDA: SAL AHORA QUE PUEDES, RENUNCIA.
Frase de Rimbaud: En ocasiones he visto lo que las personas creen haber visto…
Crédito de imagen: Zeballos