Chimbote en Línea (Por: fray Héctor Herrera) Alegrémonos con toda nuestra Madre la Iglesia, porque en nuestra historia sigue triunfando la vida; porque Jesús, resucitando en la humanidad, se levanta triunfante para darnos vida y esperanza.
El evangelio de Jn 20,1-8 nos dice: “El primer día de la semana, muy temprano, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena va al sepulcro y observa que la piedra está retirada del sepulcro” (v. 1).
Las mujeres son las primeras testigos que Jesús ya no está más entre los muertos. Él vive. Se lo comunican a Pedro y al otro discípulo. Corren al sepulcro y experimentan que ya no está allí. El primero consta el hecho “vio y creyó” (v.8). Pero aún no habían entendido la Escritura, “que él debía resucitar entre los muertos” (v.9). Pedro profundiza su fe en el Señor de la vida y testifica, lo central de nuestra fe: Ese Jesús que pasó haciendo el bien, es el ungido de Dios.
Nosotros somos testigos de lo que hizo en Judea y Jerusalén. Lo mataron colgando de un madero. Pero Dios lo resucitó al tercer día (cf. Hch 10,34-43). Van comprendiendo que Él ha vuelto la vida. Esta es la experiencia que comunican a los demás. Este Jesús rechazado y muerto por las autoridades judías y romanas, ha vencido al poder del mal y de todo lo que causa muerte y dolor. Él es “el Camino, la Verdad y la Vida que nos conduce al Padre” (Jn 14,8).
Jesús ha vencido a la muerte y a los que privan de la vida al inocente, a los que hoy en día no permiten que los pobres vivan una vida digna, a los que manipulan conciencias y dañan el espíritu y la moral de niños y jóvenes a través del mal uso, de los medios de comunicación.
Así, como el pobre Lázaro, muchos niños se debaten entre la vida y la muerte, pero Jesús nos dice: “Yo soy la resurrección y la vida. Quien cree en mí, aunque muera, vivirá y quien vive y cree en mí, no morirá para siempre” (Jn 11,25).
El núcleo de nuestra fe es la alegría del Resucitado: “acoger a Jesús que muriendo destruyó la muerte y resucitando nos devolvió a la vida. Es la vida nueva, pasando como Jesús de la muerte de nuestros pecados y egoísmos, del mal que nos obsesiona y agobia, de la indiferencia e indolencia, a la esperanza de la victoria de la resurrección”
Jesús es el Señor de la vida. Él nos invita a todas las comunidades cristianas a amar y defender la vida, a ser sensibles y solidarios, cuando la vida está en peligro por la violencia criminal, la guerra, la enfermedad moral, las profundas desigualdades, porque hay un rechazo de Dios y un desprecio por la vida. El Resucitado a través del apóstol Pablo nos dice: “Busquen los bienes del cielo, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios…Porque ustedes están muertos y su vida está escondida con Cristo en Dios” (Col 3,1-3).
Alegrémonos, este el día del Señor: Sea nuestra alegría y nuestro gozo (Sal. 117). Vivamos el núcleo de nuestra fe. Jesús está vivo. Está en tu corazón para que experimentes la alegría de amar y servir a la vida en medio de tu comunidad. Seamos testigos de la vida. El Señor ha resucitado, quiere y ama la vida de todos sus hijos e hijas. Porque hay vida donde hay amor. Hay vida y esperanza, porque creemos como Jesús que todos estamos llamados a ser hijos de un mismo Padre, autor y creador de la vida.