
Chimbote en Línea (Por: Manuel Chiroque Farfán) César Álvarez acaba de anunciar que no postulará a una tercera elección. El anuncio viene luego de tres semanas con el foco puesto sobre su extraña inmunidad a toda investigación, los malabares de su gestión y, sobre todo, su presunta responsabilidad en crímenes como el de Ezequiel Nolasco, su antiguo aliado.
Con aquella muerte, a los comandos se les ha venido la noche. La prensa nacional – léase limeña - desplegó una cobertura pocas veces vista y destapó para el país lo que aquí ya sabíamos de sobra: que Álvarez había convertido la región en su chacra y que sus rarísimas conexiones en el Poder Judicial y la Fiscalía de la Nación lo hacían un intocable. A él y a sus secuaces.
Sin embargo, este carga montón, como él lo ha llamado, solo representa el puntillazo final. El poder del “Uno” ya no era el mismo desde que las cuentas le empezaron a fallar. La región más rica del país tenía decenas de obras paralizadas y los reclamos iban en aumento, de contratistas, obreros, y hasta de sus ayayeros a sueldo. Sin plata, Álvarez no es tan popular. Sin plata, difícilmente mantendría el control sobre la poderosa red que construyó durante 8 largos años.
Y si de algo debe arrepentirse es de haber convertido a sus principales aliados en sus peores enemigos. Las principales denuncias en su contra vienen de gente que conocía desde dentro sus manejos y, además, con egos tan inflados como el suyo. Nolasco se distanció porque le recortaron cuotas de poder; Juan Calderón, por el celo de no tener el mismo apoyo que Benítez en su campaña al congreso.
La de Nolasco es una historia aparte. A raíz de la muerte de su hijo era un hombre sin miedo, sin nada que perder. Y si su caso no conmovió a los jueces, sí obtuvo la atención de periodistas como Ricardo Uceda, cuyos informes para IDL abrieron los ojos de la prensa limeña sobre lo que acontecía en Ancash. Su asesinato a sangre fría solo apresuró lo que se venía.
Y aquí cabe hacer un punto aparte sobre el rol de la prensa local, la de verdad, la que soportó los ataques de los cancerberos amarillos, la que mantuvo las manos limpias y alertó sobre el desbalance en las cuentas regionales, las obras inconclusas, el copamiento del poder, la muerte de los testigos clave. Su trabajo de hormiga hoy rinde sus frutos.
Lo que se viene no es un paraíso. Nada garantiza que Álvarez cumpla su promesa de no postular (se vocea que tentaría ir al Congreso de la República), nada garantiza que quien lo suceda sea mejor que él. Pero este es un punto de quiebre que debe llevarnos a reflexionar sobre cómo permitimos que se llegara tan lejos.




