Chimbote en Línea (Por: Ricardo Ayllón) Meses atrás recordamos el volumen narrativo “El bagre partido” de Antonio Salinas, por sus 30 años de aparición. Siguiendo esta misma línea, recordemos ahora un libro publicado ese mismo año (1985), “Huerequeque y otros cuentos”, de Rogelio Peralta Vásquez.
Pero fijémonos primero en ciertos aspectos de la trayectoria del autor para comprender puntos importantes de su obra: Peralta Vásquez, nacido en 1915 en el distrito de Oyolo, provincia de Páucar del Sara Sara (desmembrada de la provincia de Parinacochas), en el departamento de Ayacucho, hizo estudios escolares en Arequipa, ciudad donde inició también los universitarios (pre médicas), pero pasó luego a estudiar Odontología a la Universidad de San Marcos de Lima. Por razones políticas, se trasladó a Tacna, después a Chile (donde fue deportado), y finalmente, a inicios de la década del 40’, se recibió de bioquímico-farmacéutico en la Universidad de San Andrés, en La Paz, Bolivia (a donde llegó en 1939).
Luego de esta intensa travesía estudiantil volvió a Lima (1945), trabajó en el Ministerio de Salud y escribió para el diario La Crónica; posteriormente (1948) fue a trabajar a Lobitos (Talara), después a Piura (1954), y en 1955, en lo que fue inicialmente un paso fugaz, definió su residencia en Chimbote.
Tal cantidad de estancias procuró de temas y escenarios a Peralta Vásquez, pues de los 14 cuentos que integran “Huerequeque”, cinco están ambientados en Piura, cinco en la región de Ayacucho, y cuatro en Chimbote. Y si bien es verdad lo que afirma Saniel Lozano, que los textos adolecen de una “deficiente puntuación, así como ciertas impropiedades sintácticas”, no debe desatenderse el carácter realista y la intención social de sus contenidos.
Y si es verdad también que –como alguna vez anoté– “revela un pulso intuitivo en la modesta confección de las historias (…) dando la espalda a los rigores del academicismo”, es apreciable sin embargo el valor del autor en mostrar la “resolución de quien no se hace problemas a la hora de encontrarse con el papel en blanco, porque el mérito mayor de Peralta Vásquez es la saludable intención de dar gusto a la vocación de narrar”.
“Huerequeque”, desde este punto de vista, es apreciable porque su autor no solo busca dar a conocer sus inquietudes literarias, sino también (sobre todo en los cuentos ‘piuranos’ y ‘chimbotanos’) “condenar el sistema social injusto”, como apunta bien Gonzalo Pantigoso. A esto, hay que añadir su decisión de trabajar el relato oral (leyendas y costumbres andinas), el lenguaje coloquial y la recreación de historias que conoció casi de primera mano. Tales atributos son razón suficiente para una nueva y detenida lectura de este volumen que dio forma al corpus narrativo chimbotano de la pasada década del 80’.