lunes, 24 de agosto de 2026
Libre Opinión

Lunes Santo: Jesús en nuestra Pascua

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Lunes Santo: Jesús en nuestra Pascua

Chimbote en Línea (Por: fray Héctor Herrera)  Hoy Lunes Santo, el profeta Isaías nos presenta el primer cántico del Siervo de Yahvé, el elegido de Dios, quien lleno del Espíritu Santo, es enviado a llevar “la justicia y el derecho a las naciones. Yo te he formado para abrir los ojos a los ciegos, liberar a los cautivos”.

Isaías nos presenta a un siervo humilde, que cumple la voluntad de Dios. Es la figura de Jesús, que nos presenta el evangelio de Jn 12, 1-11. Está viviendo sus últimos momentos y no deja de compartir la amistad con sus amigos de Betania: Lázaro, Marta y María. Eran seis días antes de la Pascua y le ofrecen un banquete.

María, la hermana de Lázaro toma un perfume costoso y le unta los pies, en señal de amor y de agradecimiento. Ante esta acción, Judas Iscariote se queja y dice: “ ¿Por qué no se ha vendido ese perfume en trescientas monedas para repartirlas entre los pobres”(v,5). Judas lo dice, no porque le preocuparan los pobres, sino que robaba lo que ponían en la bolsa. Esta actitud negativa puede suceder hoy en día, quitarles a los pobres, aun lo que necesitan para sobrevivir.

Pero Jesús va mucho más allá. “Déjala que lo guarde para el día de mi sepultura”. Quiere decir que está ya próximo a su muerte y que lo ha hecho María, es un gesto profundo de preparar su cuerpo para su lucha definitiva contra el poder del maligno. Su muerte será el triunfo de la vida.

“A los pobres los tendrán siempre entre ustedes, pero a mí no siempre tendrán” (v. 8). Jesús nos enseña a amar a los pobres, a quienes debemos anunciar el  llamado de Dios, a crecer como personas, superando los egoísmos y divisiones. Confiar en Dios y en los pobres, es desapegarnos de lo material para compartirlo.

Allí está la verdadera promoción de un mundo más justo y equitativo. Porque Jesús es fuente de vida y de cuestionamiento a toda nuestra realidad personal y comunitaria, es que las autoridades judías piensan sólo en darle muerte. Porque es la luz para los pueblos que nos lleva a practicar el derecho y la justicia para con los más débiles.

El signo de la resurrección de su amigo Lázaro es señal que Dios ha llegado al corazón de la humanidad. Pero no lo reconocieron. Tanto a Lázaro como Jesús debían morir, porque así lo planearon sus enemigos.

Hoy también se quiere desaparecerlo, cuando nos sentimos cuestionados en nuestra vida personal y en las estructuras de la sociedad.

Acompañemos a Jesús en este camino a la entrega total, con un cambio profundo de mente y de corazón para que Él crezca en tu corazón, en tu hogar, en tu trabajo, en el lugar donde tú vives y trabajamos. Trabajemos para que el mundo crea que él vive, por nuestro testimonio de vida.


 

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