(Por: Hugo Grández Moreno) Comúnmente lo conocemos como TDR, pero su nombre formal es Términos De Referencia. Se trata de un documentito ligero y simple en el que una institución pública detalla y da a conocer las características mínimas de un servicio requerido y al que cualquier ciudadano puede postular.
El TDR expresa así, de manera clara y sin dejar grietas a la duda, qué es lo exactamente se necesita, para qué dependencia, características mínimas, montos, plazos, y hasta atribuciones adicionales ideales.
Así de claro es un TDR, pues tiene el propósito de hacer una buena selección, logrando alcanzar el perfil de servicio que responda a la necesidad específica que la institución pública tiene.
A diario se publican cientos de TDRs en diferentes medios, principalmente en las webs institucionales, con la finalidad de cubrir las aproximadamente 900 mil plazas que tiene el Estado contratados bajo este sistema a nivel nacional.
Sin embargo, es bastante sabido en los corredores de las instituciones públicas y fuera de ellos, que muchos TDR también sufren algunos “ajustones”; ajustones que manchan el carácter de selección justa de un ciudadano que cumpla el perfil requerido para atender a las necesidades dadas.
Un “ajustón” modelo podría ser así. Un TDR de, por ejemplo, una Secretaria. Lo que la oficina requiere es básicamente una señorita con estudios secretariales, buena redacción, inglés intermedio y dominio del oficce. Eso es lo que realmente se busca.
Pero cuando el TDR se publica en la web institucional, ese mismo requerimiento aparece más o menos así: “Estudios de secretariado ejecutivo computarizado, conocimiento de plataforma 2.0; buena redacción; estudio de taquigrafía y mecanografía; experiencia en instituciones públicas de al menos 3 años en áreas de planeamiento y presupuesto de gobiernos subnacionales con acreditación en mancomunidad; inglés intermedio; con asistencia a cursos de ética de la función pública, gestión por resultados, presupuesto participativo y protocolo realizados en los dos últimos años; dominio del office”.
Se notó el ajustón??? Es evidente el “adornamiento” dado al TDR de esta función secretarial. Y lo curioso del caso es que tal como está planteado calza en el perfil de una candidata en específico. Osea, ¿me trata de decir que antes de publicarse el TDR ya se sabe quién será la ciudadana que ganará el concurso público?
Da pena decirlo, pero sí, en muchos, muchísimos casos, ya se tiene el nombre de la ganadora o ganador del concurso público listo para el contrato. Un exceso, que también se da, es cuando el “candidato fijo” elabora su TDR y solo lo manda para un ajuste final y derechito a su publicación.
Pero, usted podría preguntar ¿y si se presentara alguna persona con el mismo perfil o mejor y saliera ganador del concurso? Solución ejecutiva: se declara desierto por alguna razón. Siempre hay alguna razón. Y se hace una nueva convocatoria, eso sí “mejorando” el TDR.
Nadie duda que la gestión pública ha mejorado considerablemente en la última década. En ese sentido, hay muchos jefes, responsables de las áreas usuarias o de recursos humanos muy bien preparados, que hacen las cosas de forma transparente y justa.
Pero, también es cierto que aún flamean por diversas dependencias malos servidores públicos que son verdaderos ingenieros de TDRs “ajustados”, y “expertos” al momento de redactar un requerimiento de personal con nombre propio, de tal manera que ningún otro ciudadano que busca ocupar un cargo público logre acceder al puesto en concurso.
Es una pena que algunos trabajadores del mismo Estado se aprovechen de los recursos públicos para beneficiar a algunos; mayor es la pena cuando acceden a estas funciones personas que no cumplen con los requisitos mínimos para el cargo, y terminan no solo dando un pésimo servicio, sino desgastando aún más la imagen de la institución pública como tal. Menos mal, esto no es en todos los casos, pero de que son muchos, los son.
La gestión del recurso humano, del servidor público o de aquel que se incorpora, es uno de los pendientes de la tan mentada modernización de nuestro Estado. Procesos de selección cada vez más transparentes, que jalen a los que deben ser, con calidad y calidez profesional impecable, y siempre en función de brindar un servicio cada vez mejor y más humano a todos los peruanos, es lo que reclamamos hoy. Amén.