Chimbote en Línea (Por: Ricardo Ayllon) Cuando en el año 2004 tuvimos acceso a la novela “Alejandro y los pescadores de Tancay” de Braulio Muñoz (Chimbote, 1946), fuimos conscientes de que estábamos frente a una narrativa novedosa respecto a la existente hasta el momento en el corpus narrativo chimbotano. Muñoz llegaba con un hermoso discurso lírico e intimista donde era posible reconocer el peso mítico de nuestro paisaje costero, además de un evidente interés por los trastornos sociales y ambientales.
Es por ello que esta vez, conforme nos adentramos en un proyecto narrativo tan ambicioso como “El Misha” (Fondo Editorial de Nuevo Chimbote-Estruendomudo, 2014), sentimos que el autor llega con el respaldo de una práctica competente. Porque esta novela, además de presentar como primer logro el mantener en suspenso el interés del lector en sus 420 páginas, tiene entre otras virtudes el acierto de la polifonía, la cadencia del lenguaje, el conocimiento de los escenarios, el dominio de los hechos narrados y el buen manejo de la psicología de sus actores.
Estamos ante la habilidad del escritor que se ha tomado el tiempo suficiente para hallar la mejor forma de narrar una historia, la de Benjamín Peres-Benayón Montañez (el Misha), contando asimismo los trastornos de un país desde la especial arista de sus divorcios sociales, abarcando para ello casi medio siglo. Tres libros se despliegan para tal cometido, a partir de los cuales el narrador de los hechos, Edilberto Isaac, seguirá el rastro de su hermano Benjamín apoyado por la versión de este mismo y de personajes cercanos a él en diferentes momentos de su vida (“a veces uno conoce mejor a una persona si llega a conocer a quienes lo rodearon”, p. 111, afirma con razón uno de éstos).
Así, viajaremos desde tiempos anteriores al nacimiento de Benjamín (la historia de sus padres en Trujillo), pasaremos por la parte más importante de su adolescencia en Santa Clara, continuaremos por los momentos de su autodescubrimiento como luchador social en Chimbote, y arribaremos a los linderos de su formación como guerrillero.
Las voces de tales actores se irán intercalando ordenada y pacientemente, y, conforme avancemos en la inquieta vida del Misha, hallaremos otro acierto artístico como es el conocer gradualmente los misterios de las vidas de quienes rodean al protagonista (los criados de la casa, sus padres, sus amigos, vecinos y compañeros de lucha), vidas que, en su calidad de subtramas, enriquecen poderosamente todo el marco narrativo.
Para intereses chimbotanos, vale la pena concentrarse en el “Segundo Libro 1963-1968”. La recreación hecha por el autor, si bien recuerda aspectos de sus anteriores novelas, acierta esta vez en la versión de un puerto donde los entresijos de las luchas sociales muestran un cariz inédito y otorgan singularidad a su narrativa.
