
Chimbote en Línea (Por: Ricardo Ayllón) Encontrarnos con un volumen como “Tiempo tatuado en la piel”, de Antonio Sarmiento (Chimbote, 1966), es remitirnos a nuestra experiencia personal de lo que fue el conocimiento y la defensa de la denominada Generación del 90. Porque pensar en Sarmiento es recordar aquella posición voluntaria, firme y decidida de la poesía que empezó a nacer y se levantó en la última década del siglo pasado, y que el poeta enarboló no solo desde su creación lírica sino también a partir de su reflexión crítica y su actividad personal.
Publicación de libros, manifiestos, antologías y fanzines; así como participación en innumerables recitales, conferencias y espontáneos debates de café, todo alrededor de la lucha por establecer y definir los principios y la personalidad de una estética distintiva, lo convierten en un auténtico representante de la referida generación.
“Tiempo tatuado en la piel” (Selección gallera, 2015) es, qué duda cabe, la mejor muestra de lo dicho. Están reunidos aquí 25 años de una destacada poesía. Y no lo digo únicamente por su calidad, sino por su originalidad, por su búsqueda del estilo propio, de la voz que además de mostrar un arte, plantea un postulado, lo que es visible en el libro con el que cerró los años 90, “Cantos de castor” (1999), del cual es fundamental leer el hermoso y reivindicativo texto “Nosotros los ceros”, así como sus “Notas para iniciar una estética de la posmodernidad”.
Y sin embargo, esta es solo una arista de su lírica. El dadaísmo y el surrealismo sirviéndoles para la necesaria ironización de la sociedad de consumo, la presencia del “biorritmo (que es un ritmo vital o un tiempo biológico marcado por el propio corazón del hombre)” recordándonos aquella otra “articulación rítmica de la emoción” propuesta por el beat Ginsberg, o el clasicismo español tras la búsqueda de una épica coral, en diferentes momentos de su creación, hablan muy bien de un poeta que ha escarbado siempre con la vida y el alma el desnudo corazón del texto.
Pero decíamos que “Tiempo tatuado en la piel” es la recopilación de toda su poesía, desde “Metamorfoseo orgásmico” (1999) hasta “La soledad de Sigfrido” (2010), incluyendo dos conjuntos inéditos recientes: “Poemas down” y “Fuegos corales”, además de aquellos volúmenes brevísimos y casi desconocidos como son “Luz vestida de barcas” (1998) y “Ojo madre” (2002). En suma, un repaso que aborda no solo sus efervescencias artísticas sino también –por supuesto– su travesía vivencial. Recordemos que Sarmiento vivió su primera infancia en Chimbote, y esta remota experiencia le sirvió para buena parte de su emoción temática. “Chimbote” y “Ojo madre” son dos buenos ejemplos de lo dicho.
Junto a ello, destacar los homenajes a Juan Ojeda, Vicente Azar, el viejo Marrapai, Abraham Sarmiento, Johnny Castor, aspectos de la ciudad de Lima y el Callao, aquellos referentes literarios, familiares y personales que permiten comprender mejor la estructura emocional de este poeta cuyos logros lo convierten en uno de los más altos representantes de la poesía peruana de su generación.




