lunes, 24 de agosto de 2026
Libre Opinión

Sandro Dordi: entregó su vida por Cristo y su pueblo de la Diócesis de Chimbote

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Sandro Dordi: entregó su vida por Cristo y su pueblo de la Diócesis de Chimbote

Chimbote en Línea (Por: fray Héctor Herrera OP)  Con gran alegría recibimos la declaración  del Papa Francisco, reconociendo como mártires al padre Sandro Dordi, los frailes franciscanos conventuales Miguel y Zbigniew; y del gran pastor Monseñor Oscar Arnulfo Romero de El Salvador.

Conocí al padre Sandro. Era un sacerdote humilde y sencillo, con una sonrisa amplia. Se acercaba a CINCOS (Centro de Intercomunicación Social) de la Diócesis de Chimbote para llevar copias de audios de las reflexiones de Semana Santa para difundirlas en las radio del campo. ¡Cómo no recordarlo!

Me pidió varias veces que le ayudara con la celebración de misas en las comunidades por Semana Santa: El Castillo, Rinconada, El Progreso. Le ayudaba con gusto. Veía el gran trabajo que hacía silenciosamente: construcción de locales comunales, capillas, ayudaba a los enfermos con medicina.

Se le veía ayudando a los campesinos en las inundaciones de 1983, en la reparación de los canales. Y me decía satisfecho: hay que ayudar a esa gente pobre, que vive de la agricultura y evangelizarlos. Era un varón evangélico de una fe profunda, identificado con los pobres, su vestimenta era sencilla, calzaba ojotas.

Siempre estaba preocupado por la educación de la niñez, la catequesis y la formación técnica de los jóvenes, crea un centro de educación. Todo esto lo hacía con un amor profundo por su pueblo de Santa.

Días antes de su asesinato hablé con él. “Padre Sandro, cuídate, es mejor que salgas por un tiempo, tu vida está en peligro”. Y me dijo: “Cuando quieren matarte, te matan en cualquier parte”. La Iglesia en ese entonces era blanco de los violentos. No concebían que la Iglesia contribuyera al desarrollo integral de los pueblos campesinos, y que fueran tomando conciencia a través de los medios de comunicación, que despertáramos la conciencia de las personas al evangelio de la vida, la paz que se basa en la justicia.

Así lo comprendimos cuando asistimos al entierro de los frailes mártires de Pariacoto, el 9 de agosto de 1991. Días después, el 25 de agosto del mismo año, cuando fui a celebrar la eucaristía a la parroquia San Pablo, recibí la noticia de la muerte del padre Sandro.

La gente estaba conmocionada. Al día siguiente fui a orar ante su cadáver. Lloré al hermano sacerdote y me dije a mí mismo: “Fuiste consecuente en tu seguimiento a Jesús, que Él te acoja en su gloria, porque entregaste tu vida por amor a tu pueblo, a los pobres”. Me impactó profundamente su muerte. Pero hoy doy gracias a Dios, porque su vida no fue en vano; fruto de su trabajo pastoral es nuestro querido hermanito sacerdote P. Giovanni Sabogal, a quien Sandro acunó entre sus brazos. (Publicdo en Mar Adentro, marzo 2015)

 


 

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