lunes, 24 de agosto de 2026
Libre Opinión

“Pasión es una emoción desenfrenada…”

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“Pasión es una emoción desenfrenada…”

Chimbote en Línea (Por: Ricardo Ayllón) Lo imagino revolviendo el cabello de mi amigo Memo Huamanchumo, lo vislumbro sorteando las crenchas difíciles de su pelo hirsuto, agitando las tijeras en el aire, haciendo un mohín en cada caverna diminuta de esa cabellera impenetrable.

Lo percibo más real que a nadie porque, pese a no haberlo conocido, se me antoja un personaje perfecto, aquel que no da problemas a la hora de convertirse en literatura.

Papo Navarro, su nombre suena a director de orquesta tropical, a noches frenéticas en algún huarique meloso de fin de semana, pero no, Papo Navarro era peluquero, estilista de barrio… y de los buenos.

Llegaba a la casa de la familia Huamanchumo pasada la hora del lonche, moviéndose con la delicadeza de quien no quiere importunar en un convite ajeno: el cabello perturbado en un peinado femenino que ha empezado a perder su forma original, el traje con indispensables matices llamativos y, lo inconfundible en él, aquel bolso de charol donde cargaba sus artículos de peluquería.

Mi amigo Memo Huamanchumo me lo ha descrito tantas veces que no tengo que cerrar los ojos para imaginarlo entrar en su casa del jirón Estudiantes casi de puntillas, saludando con apuro, dueño de una ligereza propia de quien tiene trabajo atrasado.

Preguntaba qué miembro de la familia lo había requerido, y cuando lo tenía ante él, lo llevaba a sentarse frente al gran espejo del rincón izquierdo de la sala.

El tamaño del espejo era perfecto, y la consola que lo sostenía, exacta para que Papo regara en ella peines, tijeras, navajas y lociones.

La tarde en que Memo lo hizo venir a su casa, Papo saludó, abrió el bolso con parsimonia y, como siempre, sus manos jugaron a enredarse en el interior mientras luchaba con unas tijeras de puntas testarudas y unos peines negligentes. Respiró con pesadez y dijo algo entre dientes cuando apretó a su cuello el chaleco que cubría de los cabellos recortados.

Y este es el momento que mejor concibo: Papo comenzando a escudriñar la cabellera de Memo Huamanchumo mientras busca el ángulo perfecto para darle forma a esa difícil cabeza moche. Y este es el instante en que veo la boca entreabriéndose con disfuerzo, soltando la pregunta al aire para iniciar la charla:

–¿Y cómo te va con tu enamoradita?

–¿Sabes quién es mi enamorada? –mi amigo devuelve la pregunta intrigado por saber cuánto sabe él sobre su relación.

Y no tarda en comprobar que Papo Navarro es el mejor relacionista público del barrio, que su peluquería en la cuadra dos de la avenida Aviación sigue siendo el sitio ideal para enterarse de los chismes de medio Miramar:

–Bueno, todo el mundo los ve siempre juntitos. Caminando por aquí y por allá, agarraditos de la mano…

–¿Y tú qué opinas acerca de eso, Papo?

–La verdad no sé. Yo te conozco a ti desde chiquito, Memo, pero a la gorda blanquiñosa de tu enamorada la he visto apenas unas veces.

–No hables así de ella. Su nombre es Patty, Patricia Venegas, y no es gorda…

–Bueno, es un poco rolliza, ¿no? –manos ágiles atacando los mechones parietales.

–Aun así la quiero mucho… estoy enamorado de ella.

–¿Estás seguro de eso? –tijeras detenidas, entreabiertas.

–¿Por qué lo preguntas? –ojos escudriñando a Papo Navarro a través del espejo.

–Porque tienen poco tiempo juntos. ¿Desde cuándo estás con ella? ¿Un mes, mes y medio?

–Van a ser dos meses…
–¡Entonces no es amor, eso es pasión! –tijeras moviéndose nuevamente con prisa, seguras.

–¿Es pasión?, ¿y qué es pasión para ti, Papo?

Y es esta parte la que más me gusta, la que elaboro en mi mente haciendo zoom, close up. Cámara fija en los labios disforzados de Papo Navarro para soltar la escena con cuidado, lentamente (tijeras nuevamente congeladas):

–¡Pasión es una emoción desenfrenada que conduce solo al sexo!

Y el silencio de mi amigo Memo Huamanchumo repitiéndose la frase interiormente, grabándosela, quedándosela para sí toda la vida… Y pese a que han pasado más de veinte años, pese a que su amor de juventud terminó en el olvido, Memo se da maña para usar la frasecita cada vez que puede, cada que escucha a un muchacho, a un jovencito, confesar que está perdidamente enamorado como una vez lo estuvo él:

–Eso no es amor, chibolo, solo es pasión…

–¿Y qué es pasión, señor Memo?

Y mi amigo, usando la misma velocidad que Papo Navarro para soltar cada palabra:

–¡Pasión, muchacho, es una emoción desenfrenada que conduce solo al sexo!

Pero a mí me gusta imaginar al estilista pronunciándola, no a Memo.

Jamás conoceré a Papo Navarro, y la verdad no sé sinceramente si alguna vez existió (o todo fue invención de mi amigo Huamanchumo), lo cierto es que me gusta figurármelo, concebirlo, bosquejando cada uno de sus rasgos como ahora en estas líneas, y sentir que detiene sus tijeras en el aire, suspende la respiración, y mueve los labios con mohín femenino para enunciar una vez más:

–Pasión…

 

 

 

 

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