Chimbote en Línea (Por: fray Héctor Herrera OP*) Sueño con una patria libre, donde todos los peruanos sean tratados con respecto y dignidad, donde se elimine el racismo y se aprecie a cada ser humano mujer y varón como imagen viva de Dios.
Sueño con una patria donde se respeten los derechos humanos. Porque para la Iglesia, el tema de derechos humanos significa: “que éste tiene un derecho a la existencia, a la integridad corporal, a los medios necesarios para un decoroso nivel de vida, cuales son, principalmente, el alimento, el vestido, la vivienda, el descanso, la asistencia médica y, finalmente, los servicios indispensables que a cada uno deber prestar el Estado. De lo cual se sigue que el hombre posee también el derecho a la seguridad personal en caso de enfermedad, invalidez, viudedad, vejez, paro y, por último, cualquier otra eventualidad que le prive, sin culpa suya, de los medios necesarios para su sustento. (Pacem in Terris, n. 11)
Sueño con una patria donde se respete la dignidad y el valor de la familia: “La primera estructura fundamental a favor de la "ecología humana" es la familia, en cuyo seno el hombre recibe las primeras nociones sobre la verdad y el bien; aprende qué quiere decir amar y ser amado, y por consiguiente qué quiere decir en concreto ser una persona. Se entiende aquí la familia fundada en el matrimonio, en el que el don recíproco de sí por parte del hombre y de la mujer crea un ambiente de vida en el cual el niño puede nacer y desarrollar sus potencialidades, hacerse consciente de su dignidad y prepararse a afrontar su destino único e irrepetible”. (Centesimus Annus, n. 39)
Sueño con una patria donde los gobernantes en los diferentes poderes del Estado, den muestras de honestidad, transparencia, capacidad de defender los intereses de la nación y la seguridad de los ciudadanos. “La autoridad sólo se ejerce legítimamente si busca el bien común del grupo en cuestión y si, para alcanzarlo, emplea medios moralmente lícitos. Si los dirigentes proclamasen leyes injustas o tomasen medidas contrarias al orden moral, estas disposiciones no pueden obligar en conciencia. "En semejante situación, la propia autoridad se desmorona por completo y se origina una iniquidad espantosa" (PT, n. 51). (CIC, n. 1903)
Sueño con una patria en que elijamos y tengamos autoridades honestas que velan por el bien común del país: “La autoridad no saca de sí misma su legitimidad moral. No debe comportarse de manera despótica, sino actuar para el bien común como una "fuerza moral, que se basa en la libertad y en la conciencia de la tarea y obligaciones que ha recibido" (GS, n. 74). "La legislación humana sólo posee carácter de ley cuando se conforma a la justa razón; lo cual significa que su obligatoriedad procede de la ley eterna. En la medida en que ella se apartase de la razón, sería preciso declararla injusta, pues no verificaría la noción de ley; sería más bien una forma de violencia" (Santo Tomás de Aquino, STh, I-II, 93, 3, ad 2). (CIC, n. 1902)
Sueño con una patria que tenga un Poder Ejecutivo, Legislativo y Judicial que velen por los derechos de los más necesitados, entendiendo que el pueblo les confía la autoridad como un servicio, para que exista un verdadero estado de derecho: “El Estado de Derecho es la condición necesaria para establecer una verdadera democracia. Para que ésta se pueda desarrollar, se precisa la educación cívica así como la promoción del orden público y de la paz en la convivencia civil. En efecto, "no hay una democracia verdadera y estable sin justicia social. Para esto es necesario que la Iglesia preste mayor atención a la formación de la conciencia, prepare dirigentes sociales para la vida pública en todos los niveles, promueva la educación ética, la observancia de la ley y de los derechos humanos y emplee un mayor esfuerzo en la formación ética de la clase política. (Ecclesia in America, n. 56)
Sueño con una patria donde los gobernantes y los que aspiran al gobierno, tutelen, defiendan y promuevan la riqueza de la nación en una mejor distribución de la riqueza, donde no se convierta solo en un país extractivo, sino se piense en el futuro de las generaciones, en la defensa de la tierra, los ríos, los bosques, el clima, en una economía solidaria que no haga de los pobres más miserables, descartables, sino se defienda su dignidad humana. “La protección y promoción de los derechos inviolables del hombre es un deber esencial de toda autoridad civil. (Dignitatis Humanae, n. 6)
“En realidad, la democracia no puede mitificarse, convirtiéndola en un sucedáneo de la moralidad o en una panacea de la inmoralidad. Fundamentalmente, es un "ordenamiento" y, como tal, un instrumento y no un fin. Su carácter "moral" no es automático, sino que depende de su conformidad con la ley moral a la que, como cualquier otro comportamiento humano, debe someterse; esto es, depende de la moralidad de los fines que persigue y de los medios de que se sirve. Si hoy se percibe un consenso casi universal sobre el valor de la democracia, esto se considera un positivo "signo de los tiempos", como también el Magisterio de la Iglesia ha puesto de relieve varias veces. Pero el valor de la democracia se mantiene o cae con los valores que encarna y promueve. (Evangelium Vitae, n. 70)
* Sacerdote dominico. Fundador de CECOPROS y director de Radio San Martín.
Texto publicado en Mar Adentro, julio 2015. Periódico de la Diócesis de Chimbote.