domingo, 23 de agosto de 2026
Libre Opinión

Amistades peligrosas (Por: Patricia Cardoza)

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(Por: Patricia Cardoza) Por más  que busco, no encuentro una explicación sino coherente, por lo menos aceptable a ese cuento torpe con que nos salió el alcalde provincial sobre el sospechosísimo uso de los uniformes por parte de los agentes del Serenazgo, antes de que culmine el proceso de compra.

Sucede que nadie con algo de sentido común podría considerar como respuesta eso de que la indumentaria fue donada por un filántropo cuya identidad se niegan a revelar, más si esta brillante idea se les ocurrió exactamente una semana después de que el chupo reventara.  Encima, la entrega del regalito no fue aprobada por el pleno edil como la ley exige.

alcaldeluisarroyoO sea, estuvieron todo ese lapso buscando la mejor manera de hacernos cholitos a los chimbotanos. Ya imagino a Luis Arroyo y a sus más conspicuos colaboradores en plena lluvia de ideas. ¿Y si decimos que nos prestaron los uniformes a condición para ver cómo les queda a los serenos? No  ¿Qué tal si les decimos que esos no son los uniformes, que están viendo mal? O ya está, les engañamos que fue una donación y ya luego arreglamos como sea el asunto. Y así.

Era de esperarse que la absurda respuesta generara una andanada de críticas desde diversos sectores, especialmente de los regidores de oposición como Humberto Ortiz Soto, quien le recordó a nuestra autoridad edil que los chimbotanos no somos ignorantes y no nos creemos ese cuento.

Y las razones de esas reacciones son perfectamente justificadas. Si fue una donación como dicen y que el mismo jefe del Serenazgo, Nicolás Leguía Arias, gestionó la misma ¿por qué entonces no lo dijo desde aquel domingo cuando todos los periodistas lo interrogaron al respecto? Con tono dubitativo en esa oportunidad el ex recluso sólo se limitó a decir que no sabía nada de “cuestiones administrativas”.  

La mentira es tan grosera que ni siquiera fueron capaces de ponerse de acuerdo en la cantidad de uniformes supuestamente donados. Mientras el alcalde decía que fueron 50, Leguía aseguraba que eran  40. Al final  la licitación fue otorgada a la empresa Luanda E.I.R.L. por 230 prendas a un costo de  99 mil 158 soles, casi 12 mil soles menos que el valor referencial. ¿Fue por la permanente presión de la prensa?

En estos cuatro meses, la gestión de Luis Arroyo Rojas ha estado siempre en ojo de la tormenta. Si bien la explicación podría ser que se ha dedicado a ordenar la casa y a conocer a fondo cada una de las áreas de la comuna provincial, considero que no se están dando muestras de querer hacer bien las cosas.

Una prueba de esto es  precisamente  la designación de Nicolás Leguía Arias en la jefatura  del Serenazgo, un señor con una oscura hoja de vida,  que purgó condena por estafa,  fue sentenciado por falsificación de documentos, y además estuvo detenido el año pasado con un arma de fuego sin tener licencia durante una gresca callejera de obreros de construcción civil, cuando fungía de “chaleco” del dirigente Víctor López Padilla.

Con estos antecedentes  ¿Cómo puede tener sobre sus espaldas  la seguridad de los chimbotanos? Y no es que considere que un ex preso no tiene derecho a que se le dé una segunda oportunidad, el asunto pasa porque un cargo tan sensible necesita de una persona  no sólo con la preparación y experiencia suficientes en  estrategias de seguridad, sino también una probada calidad moral.

Dicen que se predica con el ejemplo, bajo esta premisa cabe preguntarse ¿Con qué autoridad puede este señor exigir disciplina a sus subordinados? ¿Por qué Arroyo designó precisamente a esta persona en esa área? ¿Acaso está pagando algún favor? La autoridad sólo ha dicho que quiere imitar el ejemplo del Callao, que contrató como agente de seguridad al prontuariado delincuente “Django”. Si pues, lo contrataron como agente, no es el jefe. Esa es la diferencia, señor alcalde.
(Publicado hoy en Diario Correo de Chimbote)


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