Poemas de los días en que hablaba con el mar, de Augusto Rubio Acosta

Chimbote en Línea (Por: Ricardo Ayllón) Conocido periodista y activista cultural, Augusto Rubio Acosta (Chimbote, 1973) es también escritor, oficio en el que ha entregado más de una producción lírica y narrativa. Al primero de estos géneros pertenecen sus libros “Inventario de iras y sueños” (2005), “Mi camisa de comando” (2007) y “Poquita fe” (2010); mientras que en narrativa son representativos sus volúmenes de cuentos y crónicas “Avenida indiferencia” (2005) y “Mundo cachina” (2007).
Con el breve “Poemas de los días en que hablaba con el mar” (Summa, 2014), Rubio retorna a la poesía bajo la advertencia de que los textos “aquí publicados son solo un adelanto de su próximo libro”. Aun así, nos aventuramos a comentarlos pues conforman parte de los escasos poemarios que han aparecido recientemente en la escena literaria local.

Cuatro son los textos distribuidos en las 12 páginas de este opúsculo, de los cuales el primero está escrito en prosa y los restantes en verso, con elementos, sin embargo, que brindan unidad al conjunto. Uno de éstos es que los cuatro poemas están planteados como versiones personales. Si bien el yo poético se presenta en dos de los poemas en primera persona (“Poema de los días en que hablaba con el mar” y “Agosto”), y en los otros dos dirigidos a una segunda persona [“Junio (unplugged)” y “Ante mis ojos silenciosos e inescrutables”], reconocemos sin embargo la voz que ‘nos habla’ todo el tiempo desde su aislamiento verbal.
Otro elemento unificador es el lenguaje coloquial que, pese a estar presente en la generalidad de sus libros, asoma esta vez menos desbordado, refrenado quizá por la ternura que ameritan los temas vinculados a la familia, tal como se aprecia en “Junio…”, dedicado a Paul, hijo del autor, y “Ante mis ojos silenciosos…” que, se entiende, es un poema a la madre.
El trasfondo social, una característica inherente al discurso de Rubio, tampoco ha sido dejado de lado: “los niños harapientos me despidieron desnudos –sonriendo– mientras yo pensaba en sus pulmones”; “para que el día que la policía te pida papeles / le entregues esto y lo tengan muy claro / de dónde vienes / hacia dónde vas”; “…este corazón chuseado que dobla la avenida / y camina bajo el puente / los domingos de parada en que están baratos los choclos / accesibles por lo menos a nuestra filosofía”.
Debemos añadir, que el aislamiento verbal en dos de los poemas se percibe como un auténtico rasgo de liberación personal. Por su soporte temático, en “Poema de los días…” vemos al protagonista caminando solo hacia el mar en busca de una redención, mientras que en “Agosto” hay una toma de conciencia que se levanta como una bella reivindicación de lo personal, de lo propio.
Estos hallazgos permiten el encuentro con un Augusto Rubio más firme en sus cualidades artísticas, y un manejo verbal maduro, orientando sin duda al logro de la voz propia.




