Por Germán Torres Cobián
El reciente incendio de las precarias viviendas situadas junto al antiguo barrio San Pedro y la comprobación de que buena parte de ellas pertenecían a posesionarios fantasmas demuestran rotundamente que detrás de todas las invasiones se esconden, por una parte, un aprovechamiento político-electorero de quienes intentan acomodarse o perpetuarse en la silla poltrona municipal y, de otro lado, que detrás de todas las ocupaciones ilegales se esconde un gran negociado.
¿Por qué Chimbote no avanza urbanísticamente y deja de tener la imagen de un enorme “pueblo joven” a pesar de las ingentes riquezas que entran por diversos conceptos a las arcas municipales y regionales? Los factores de este retraso son múltiples, entre los que la invasión de tierras juega un papel muy importante. Las administraciones apristas y la anterior alcaldesa accidental, Victoria Espinoza García (ahora acusada por lavado de activos y enriquecimiento ilícito por el Procurador Anticorrupción), propiciaron interesadamente estas invasiones.
Hoy por hoy, cualquier cacaseno que intenta alcanzar un cargo municipal o que ya lo ocupa, promueve usurpaciones de terrenos y, en un rapto de megalomanía o egotismo, sugiere a los invasores que le pongan su nombre y reparte constancias de posesión o títulos, sin ponderar en lo más mínimo el daño que está haciendo a la ciudad de Chimbote en su conjunto.
Los responsables ediles o regionales se han desentendido por completo de las consecuencias de la invasión de tierras. Chimbote no cesa de recibir inmigrantes costeños y serranos empobrecidos, amén de delincuentes que han hecho de las posesiones ilegales un pingue negocio. Esta inmigración descontrolada ha desencadenado altos niveles de desempleo y trabajo ambulante en nuestro puerto porque el mercado laboral es incapaz de absorber el número cada vez mayor de mano de obra. El desempleo y la subocupación generan pobreza y miseria.
Estas desgracias los lleva a hacinarse en barriadas carentes de agua y desagüe, de electrificación, de pistas y veredas, etc. Las barriadas que se expanden hacia todos los puntos cardinales de nuestro puerto, al crear nuevas necesidades, distraen recursos ediles que podrían servir para otros menesteres y, lo que es peor, a mediano plazo se convierten en generadoras de promiscuidad, explosión demográfica, pandillaje, delincuencia, enchusmamiento y desesperanza.
Las viviendas de esteras incendiadas la semana pasada estaban asentadas en unos terrenos que en principio tenían el carácter de área industrial. La infausta gestión de la alcaldesa accidental Victoria Espinoza García, los cambió para uso de viviendas y promovió su invasión a cambio de unos votos que al final no consiguió. No es verdad, pues, lo que sostiene la llamada tía Vicky cuando culpa del incendio al actual alcalde por no haber otorgado títulos a los posesionarios.
¿Desde cuándo los títulos protegen contra los incendios? Con título o sin título, las viviendas se hubieran quemado igual dada la precariedad de sus construcciones y la irresponsabilidad de algunos de sus pobladores. Y aún con títulos en la mano, sus habitantes, tal vez con alguna excepción, jamás hubieran construido viviendas dignas considerando su manifiesta pobreza. En cualquier caso, la culpa del incendio es de la tía Vicky por haber promovido esta invasión insensata durante su campaña electoral.
Apelando a la diosa razón, ¿no hubiera sido mejor lotizar aquellos terrenos, dotarlos de agua y desagüe, electricidad, pistas, veredas, parques, y luego acordar con una empresa constructora la habilitación de viviendas, la edificación de condominios o chalets? Estas edificaciones luego podrían haber sido vendidas a precios razonables y se hubiera dado una mejor imagen a la entrada-salida norte de Chimbote; la venta de lotes hubiera proporcionada un ingreso pecuniario más a la Municipalidad Provincial del Santa; se hubiera evitado la tugurización y precariedad de las casas. Ahora, después del incendio, el espectáculo es deprimente. ¡Todo por unos cuantos votos!
En su otra vertiente, las invasiones se han convertido en un negocio lucrativo para muchos indeseables. Es de conocimiento general que existen familias que se dedican a invadir terrenos sin que tengan ninguna necesidad de las mismas.
Una vez que les dan la constancia de posesión o título los venden a terceros logrando cuantiosas ganancias. Por todos estos motivos, es menester dar el alto a las invasiones de terrenos en nuestro puerto y distritos aledaños. Las autoridades respectivas deben tomar conciencia de que no es esta la manera de llevar una ciudad como Chimbote hacia la modernidad.




