lunes, 24 de agosto de 2026
Libre Opinión

“He venido a traer fuego”

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“He venido a traer fuego”

Chimbote en Línea (Por: P. Segundo Díaz Flores) Apreciados hermanos en Jesús el Señor, la Palabra de Dios es siempre Buena Noticia. Estamos acostumbrados a escuchar, ver o leer malas noticias. Sin embargo en la Sagrada Escritura siempre encontramos una buena noticia.

Hoy la Santa Palabra, nos invita a tomar una decisión de aceptación radical de la Persona de Jesús de Nazareth, que nos dice: “Yo he venido a traer fuego sobre la tierra, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo!"

El fuego de Jesús es su pasión por la evangelización, por el anuncio de la Buena Nueva, del –Reino de Dios, lo cual  es apremiante para los discípulos cristianos. Cualquier forma de pacifismo o mera serenidad ante el apostolado, ante la evangelización, se opone al riesgo del anuncio salvador.

La fidelidad a Jesús impone el riesgo de la relativización de cualquier otra vinculación humana, ya sea sanguínea, afectiva o social.

El cristiano, ante el seguimiento a Cristo, relativiza su vinculación familiar o cualquier otra forma de presión, Jesús nos pide radicalidad, total libertad, estar dispuesto a priorizar el Evangelio por encima incluso de la propia familia, de la propia vida.

Dios nunca nos abandona, como al profeta Jeremías,  y nos pide fe. Cuando todo va mal, cuando parece que el mal triunfa sobre el bien, incluso, cuando parece que la muerte es la última palabra, Dios siempre interviene en nuestro auxilio, como hizo con Jeremías, que lo salvó de la muerte.

Hoy en día en que nuestra Iglesia desangra, por culpa de los escándalos de sus hijos o por la difamación de los enemigos de la fe, la Palabra de Dios nos pide poner nuestra mirada en Jesús para no dejarnos vencer por el desaliento, y nos invita a luchar contra el pecado personal y estructural.

Porque en esta lucha con la maldad, la injusticia, la mentira y todo aquello que ofende a Dios y daña al prójimo, aún no hemos llegado a la sangre, como los mártires, como nuestros hermanos sacerdotes víctimas del odio, que derramaron su sangre por la evangelización, por la fe de este pueblo de Áncash: Sandro Dordi (Santa), Miguel Tomaszek, Zbigniew Strzalkowski (Pariacoto) y Daniele Badiali (San Luis), todos ellos en camino a los altares para ser intercesores, pero sobre todo ejemplos vivos de vidas entregadas al anuncio del Evangelio, de la Salvación, del Amor cristiano.

La muerte de estos sacerdotes es ejemplo del fuego que ha traído Cristo a la tierra y que ardió, arde y seguirá ardiendo en nuestros corazones cuando es prendido por la llama del Amor Divino, por el mismo Jesús a través de su Pan de Palabra y de su Pan Eucarístico, su Cuerpo y su Sangre.

Por ello, junto al salmista proclamemos todos: “¡Señor date prisa en socorrernos, en auxiliarnos!, somos pobres, estamos desprotegidos, en medio de la inseguridad, en medio de las enfermedades endémicas, estamos amenazados por la muerte, confiamos en ti Jesús, tú Señor cuidas de mí, tú eres mi auxilio y mi liberación: Dios mío, no tardes”.

Que María madre del Amor Hermoso, nos ayude a no desalentarnos a no apagar el fuego de la fe, de la esperanza y del amor que Jesús ha depositado en nuestros corazones.
(Domingo XX del Tiempo Ordinario)

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