
Chimbote en Línea (Por: Guillermo Martínez Pinillos) Casi sesenta años después el doctor Pedro Miranda nos ha dejado literalmente boquiabiertos. Sería fácil decir que su clínica dental, inaugurada el año 1955 en la octava cuadra de la avenida Gálvez, puede contar la historia de Chimbote. Pero creo que me equivoco. No es sólo una historia la que se puede contar, si no todas las historias de este puerto y los porteños.
No se las sabía de sus pacientes si no de la tertulia de carambolas con las que disfrutaba su tiempo libre como socio honorario del Club Social Chimbote. La mesa de billar: aquel rectángulo de su pasión, era sin duda como la vida misma. En sus bandas, la conjugación de la técnica y el azar, resolvían el problema mismo de la existencia.
No se explica sino de esa forma el hecho de que el joven cirujano dentista llegara a Chimbote y en poco tiempo su pequeño consultorio dental se fuera convirtiendo en referente de innovación y garantía para la salud dental. Había amortiguado bien al taco, fue viajando su blanca por las bandas en pos de la carambola.
El Dr. Miranda era huaracino. Vino a Chimbote en la época del farwest pesquero apenas al terminar la carrera de odontología en la Facultad de Medicina de San Fernando (Universidad Nacional Mayor de San Marcos). “Vente a Chimbote, sobrino. Aquí hay futuro“, contaba que le dijo su tío Jorge Smith, abogado de la Corporación Peruana del Santa. Así lo hizo. Pero no llegó sólo. Ya traía una cartera de clientes que no reparó en seguirlo. Desde Iquitos, llegaban sus pacientes. Desde Cuzco, pues papá. Del norte del Perú, paisano. Rindiendo sus frutos la permanente actualización del odontólogo que pronto hizo crecer su consultorio y vio nacer la clínica.
“Por un tiempo mi Papá parecía más un joyero”, me cuenta Pedro Miranda, su hijo, odontólogo también. El boom pesquero y la moda de entonces hacía que las sonrisas fueran doradas; enchapes, coronas y puentes de oro. Los pacientes iban pelando los dientes, con las alegrías renovadas y sonrientes.
El tiro de este billarista, querido por todos, estaba anunciado. Cantó la bola del éxito que construyó. Su legado se ha manifestado en una estirpe de profesionales confiables. “Hemos heredado la buena mano de papá”, dice el benjamín de los odontólogos Miranda.
El Dr. Pedro Miranda ha fallecido. En su despedida, aparecen como fotografías en sepia, viejos chimbotanos, familias enteras de amigos y se proyectan en la memoria imágenes de la piscina del Vivero, de las tardes del playa y malecón, de los carnavales, de las fiestas en el hotel Chimú, de las noches de tertulia en el Club Social Chimbote. Buenas tardes, Doctor. Nos vemos en mi próxima consulta.




