
Chimbote en Línea. Cinco años después de dejar Venezuela, Sorelys Chávez todavía recuerda la incertidumbre con la que llegó a Perú.
No conocía a nadie. Había dejado atrás su casa, parte de su familia y un sistema de salud donde cada vez era más difícil encontrar medicamentos para tratar la enfermedad autoinmune que le habían diagnosticado años antes.
"Decidí viajar porque no se conseguían medicamentos ni especialistas. Entonces eso es algo que también ha hecho que esté acá en Perú: la salud", cuenta Sorelys.
Pero en su condición migratoria, también le preocupaba si iba a poder acceder a atención médica cuando la necesitara. "Llegar a otro país donde no conoces a nadie, donde no sabes cómo te van a tratar, cuál va a ser tu suerte, cómo te vas a defender ante tantas cosas. Es todo un choque", recuerda.
Según las últimas estimaciones oficiales, en Perú viven más de 1,5 millones de personas migrantes y refugiadas venezolanas, lo que convierte al país en el segundo principal destino de esta población en las Américas, después de Colombia.
“Las personas migrantes y refugiadas enfrentan múltiples obstáculos para acceder a la atención de salud, desde dificultades económicas y administrativas hasta el temor a la discriminación o al rechazo. Cuando una persona posterga la atención por esas razones, una enfermedad crónica puede agravarse innecesariamente. Reducir esas barreras es fundamental para garantizar una atención oportuna y la continuidad de los tratamientos”, dice Ivy Lorena Talavera, asesora internacional de Sistemas de Salud en el Curso de la Vida de la Organización Panamericana de la Salud (OPS/OMS) en Perú y gerente del proyecto.
UN DIAGNÓSTICO INESPERADO
(Foto: OPS)
En 2024, cuando Sorelys acudía al Centro de Salud La Huayrona, en el distrito de San Juan de Lurigancho en Lima Metropolitana, por otra condición médica, un examen de laboratorio reveló una noticia inesperada: tenía diabetes.
"No lo tomé muy bien", recuerda. "Es una enfermedad que te marca. Entonces tocó aprender a vivir con la condición y cambiar los hábitos."
Un aspecto clave fue que Sorelys ya contaba con su carné de extranjería, lo que le permitió afiliarse al Seguro Integral de Salud (SIS) y acceder gratuitamente a los servicios cubiertos por este seguro. Con orientación del personal de salud, comenzó a atenderse regularmente en el consultorio diferenciado para enfermedades no transmisibles de La Huayrona.
En Perú, toda persona, independientemente de su nacionalidad, situación migratoria o cobertura de seguro, tiene derecho a recibir atención en caso de emergencia. Para acceder gratuitamente a los servicios cubiertos por el SIS, las personas extranjeras deben cumplir los requisitos de afiliación, con excepciones para determinadas poblaciones en situación de vulnerabilidad. Quienes no cuentan con seguro pueden acceder a los servicios públicos asumiendo un costo subsidiado de la atención, lo cual, si bien no elimina la barrera económica, la reduce.
Desde 2023, el Ministerio y la OPS/OMS implementan, con el apoyo de KOICA, el proyecto Mejorando la inclusión social y el acceso a la salud de migrantes y refugiados en Perú en Tumbes, La Libertad, Lima Metropolitana, Callao y Tacna. La iniciativa busca mejorar el acceso a servicios esenciales, fortalecer las capacidades del personal de salud e incorporar las necesidades de las personas migrantes y refugiadas en la planificación y los sistemas de información en salud.
Como parte de estas acciones, se capacitaron 175 profesionales de salud para mejorar el manejo de la diabetes, la hipertensión y la enfermedad renal crónica desde el primer nivel de atención. También se entregaron más de 1.300 glucómetros a establecimientos de salud y kits con materiales educativos y recursos para el autocuidado a más de 2.500 personas migrantes y refugiadas.
El personal del Centro de Salud La Huayrona utiliza uno de esos glucómetros para controlar los niveles de glucosa de Sorelys cada mes.
"El glucómetro es un equipo crucial. Todos los pacientes vienen a su control en ayunas y aquí medimos su glucosa para saber si la diabetes está controlada", explica César Jean Paul Silva, médico cirujano del Centro de Salud Huayrona.
El seguimiento también ha llevado a Sorelys a hacer cambios en su vida cotidiana.
“El cambio que ha habido ha generado en mí una toma de conciencia de dejar hábitos que no están dentro de lo normal para un paciente de diabetes”, cuenta Sorelys.
LA MISMA ATENCIÓN, SIN DISTINCIÓN
“Para nosotros no hay diferenciación”, afirma Pedro Pablo Quispe Rosales, médico responsable de la estrategia de enfermedades no transmisibles del establecimiento. “Todos los pacientes son iguales y tienen el mismo derecho. Lo importante es controlar su enfermedad. Entendemos que eso es un derecho y que debe haber salud para todos”.
Hoy el consultorio atiende a más de 500 personas con enfermedades crónicas, una cifra que ha crecido sostenidamente desde su creación como espacio diferenciado para la atención de pacientes con estas afecciones. Ese crecimiento también plantea nuevos desafíos: contar con más espacio y recursos humanos para responder a una demanda cada vez mayor.
ACCESO A LA SALUD SIN BARRERAS
En toda la región de las Américas, la OPS trabaja junto a los ministerios de salud para reducir las barreras que enfrentan las personas migrantes y refugiadas, fortalecer la atención primaria y promover su inclusión en los sistemas nacionales de salud.
En Perú, el proyecto continuará hasta diciembre de 2027. Su objetivo, sin embargo, va más allá de ese plazo: busca dejar capacidades instaladas en los servicios y contribuir a que la atención de las personas migrantes y refugiadas se integre de manera sostenible en el sistema nacional de salud.
La experiencia de Sorelys muestra lo que esa integración puede significar en la vida cotidiana: poder acercarse a un centro de salud, recibir atención y continuar un tratamiento, independientemente del lugar donde se haya nacido.(Fuente: https://www.paho.org/) (Fotos OPS)




