
Chimbote en Línea (Por: P. Segundo Díaz) Hoy celebramos el I Domingo de Cuaresma, tiempo litúrgico que hemos iniciado el pasado Miércoles de Ceniza. Donde, se nos ha impuesto la ceniza y se nos ha recordado que somos polvo y a la tierra hemos de volver, o convertirnos y creer en el Evangelio.
Hoy domingo la Palabra de Dios nos revela el origen del mal en el mundo. De una manera gráfica el Libro del Génesis nos relata la creación del hombre y su caída en la tentación del diablo.
San Pablo en su carta a los Romanos, hace un paralelismo, una comparación entre Adán y Jesucristo, donde se nos revela que la muerte, la consecuencia más grave del pecado de Adán, ha sido vencida por Jesucristo, puesto que si por el delito de uno murieron todos, por Jesucristo, todos hemos sido absueltos.
Esta antropología paulina, hace referencia a un Dios de Misericordia, que hemos proclamado en el Salmo 50: Misericordia, Señor: hemos pecado. Por la Misericordia de Dios, la muerte ya no es la última palabra sobre el hombre, ni mucho menos la condenación, porque por la obediencia de Cristo, todos recibiremos salvación.
En el Evangelio, Jesús, al igual que Adán, es tentado por Satanás: en aquello que necesita o aspira el ser humano: el alimento o placer, la fama, el tener y el poder. Jesús vence y sale victorioso de la tentación.
La victoria de Jesús ante la tentación del maligno, es un ejemplo de luchar ante las tentaciones que muchas veces parecerán muy humanas, como vender nuestra conciencia por el alimento o el sustento, como hacen políticos y funcionarios corruptos que compran conciencias a través del dinero.
Jesús nos ha enseñado a vencer la tentación de la fama y prestigio. Cuantas personas por cuidar la imagen y las formas sacrifican la rectitud de intención, la verdad, y explotan a sus hermanos.
El poder, no deja de ser un atractivo que buscamos ejercer dominio sobre los demás. Ya sea con ideologías, con dictaduras, con órdenes irracionales, como un esposo que maltrata a su mujer, o hijos rebeldes que desobedecen a sus padres. O grandes dictaduras que a través de la crueldad y armas someten a los pueblos, a través del miedo y el muerte.
Jesucristo es el nuevo Adán que a pesar de ser Dios no vino a ser servido sino a servir, que no buscó su propio bien, que no dominó ni explotó a nadie, que no se preocupó por su prestigio, muriendo desnudo, como criminal en la cruz, con lo cual nos salvó.
Que María la Virgen Fiel y humilde de Nazareth nos ayude a luchar contra toda tentación y engaño de mundo, del demonio y de la carne. Qué estamos Sería bueno que nos preguntemos qué hacemos con nuestra libertad.
Imagen: Ecclesia




