domingo, 23 de agosto de 2026
Libre Opinión

La industria colegial y el niño-objeto

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La industria colegial y el niño-objeto

Chimbote en Línea (Por: Germán Torres Cobián) En  las sociedades desarrolladas europeas, en medio del llamado  Estado del bienestar,   solía decirse que los niños llegaban al mundo  con un pan debajo del  brazo. Actualmente,  muchas familias integrantes de estas  sociedades  ahora venidas a menos, ya  no pueden presumir de ello.

En nuestro país, desde que la educación se empezó a deteriorar debido  entre otros factores  al mercantilismo que se ha apoderado de ella, cada niño que nace viene al mundo con un montón de facturas en las manos porque es tratado como  un objeto  al que hay que dotar de un cúmulo de cosas muchas veces  superfluas sin que ello redunde en la mejora de su  calidad educativa.

Marzo presenta un panorama bastante negro para numerosas familias que tienen chicos en edad escolar. Ocurre que en este mes  veraniego  los padres  tienen que hacer  maravillas con su dinero  debido a los complementos que tienen que pagar para que sus hijos puedan  llevar una educación supuestamente adecuada, figuradamente  digna y aparentemente  provechosa.

Alguien se enriquece con ese dinero de los  padres. Quizá algunas industrias paralelas. Porque tal parece que en nuestro país  la  educación es un subproducto de la industria colegial. En esta original  industria   hay muchísimo dinero en juego. No sólo el que prodigan  los padres de familia, sino los recursos pecuniarios   del  Gobierno central, de las regiones y  de las municipalidades.

Todo este dinero  se esfuma, en primer lugar, en costear  la especulación del suelo, en  el mal  trabajo  de  los contratistas fulleros que hacen las  obras de construcción o reformas de los  colegios; en las coimas que reciben las autoridades por licitaciones amañadas;  en las Asociaciones de Padres de Familia (APAFAS) cuyas directivas, la mayoría corruptas,  no suelen entregar cuentas a fin de año, como es su obligación; en algunos directores desaprensivos que sobrevaloran las matrículas; en  la industria librera y en  los comerciantes distribuidores quienes, coludidos con directores y profesores, obligan a comprar unos libros que sólo pueden ser usados una vez; en fin, en  las empresas que fabrican  los elementos de ornamentación del alumno: uniformes, zapatos, zapatillas,  buzos,  mochilas, loncheras ...

Los uniformes aparecen cuidadosamente detallados  en las notas que reciben los padres que matriculan por primera vez a sus hijos, en las que no falta la mención de la única tienda  (¡qué casualidad!) donde se vende el modelito.

El antiguo y modesto  uniforme gris  que era igual para todos los alumnos, se ha convertido en un conjunto donde todas las piezas que pueden vestir al  alumno requieren un patrón  y un color peculiares.

Están  además  los abultados pagos por  materiales supuestamente didácticos, celebración de los cumpleaños  de los niños, con tortas, payasos, disfraces  y demás parafernalia; pago de polladas o bingos  para, supuestamente, hacer arreglos al colegio; aditamentos para participar en unos desfiles que no sirven absolutamente para nada;  multas a los padres que no acuden a las reuniones de las APAFAS;   fiestas  de promoción que incluyen compras de ternos y trajes, etc., etc…En todo este trasiego de dinero, algunos directores  o profesores inescrupulosos  suelen llevarse una  pingüe comisión.

Uno supone que unos colegios con autoridades educativas  y APAFAS   tan versátiles  en su metodología para obtener dinero y  tan dispuestos  a dar su tiempo y esfuerzos por el colegio,  solo pueden  ejercer una influencia benéfica sobre los niños; uno presume que las autoridades educativas, padres de familia y  profesores están en la obligación de propiciar el mejor de los entornos para que la tarea docente y el aprendizaje de los alumnos se desarrollen en las mejores condiciones y con la mayor calidad.

Y uno puede pensar en aplaudir  a los padres  que se quitan  el pan de la boca para  empezar a   encarrilar  el porvenir de sus hijos; sin embargo,  estos colegios   mercantilistas suelen ser  fábricas  de iletrados donde se producen niños y adolescentes   cuya ignorancia abarca todas las ramas del saber humano. 

Y, cosa curiosa, otros institutos educativos que no siguen esta nefasta corriente mercantilista  se ven obligados a  seguir la misma línea precisamente porque así lo requieren  los padres de familia: el esnobismo o estupidez  paternal demanda los atributos externos que  identifican al niño-objeto con el colegio donde estudia y desconfían de los centros educativos  que no se adaptan a la misma situación.

Los colegios que no exigen todo este aparato mercantilista les  parecen pobres, y creen que esta  pobreza  está relacionada con la mala educación.

Pero,  lo más lamentable de todo esto es que  la industria colegial constituye  para los padres de familia no sólo un constante saqueo para su economía, sino que también es  una estafa dados  los resultados en la educación de sus hijos que  hablan por sí solos.

Según el último Informe PISA,  los centros escolares peruanos  sólo producen alumnos rezagados en el concierto mundial educativo.   Un Informe, dicho sea de paso, que parece que pocos han  leído. No hace mucho  le pregunté a un profesor de un colegio X de Chimbote si había visto en Internet  el documento PISA. No me asombré para nada cuando  me contestó: “Cuál, ¿esa torre que está en Italia y  que se quiere caer?”…

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