(Por: Antonio Luna Neyra) El cambio sorpresivo del gobernador de la provincia del Santa Dr. José Calderón Castillo, es fruto de las luchas intestinas que padece el Partido Nacionalista y es, además, consecuencia directa de su crisis moral que día a día se profundiza más y domina las distintas instancias de dirección del PN.
Recuerdo haberle escuchado al Dr. José Calderón, fundador del partido y militante honesto del mismo, que su nombramiento como gobernador le traería más problemas que satisfacciones, no solo por los múltiples y difíciles problemas que el alto cargo público acarrea, sino, sobre todo, por la baja calidad humana de los militantes que se disputan la conducción regional y local del partido de gobierno. Sin embargo, acató disciplinadamente su nombramiento y aceptó el sacrificio.
Sin embargo, la forma inopinada y al hachazo del cambalache, propia de enemigos políticos y de mafias que conspiran y complotan contra adversarios irreconciliables, cuando lo correcto debe ser coordinar el cambio de un funcionario, es un acto desleal contra el Dr. Calderón y una prueba palpable de que quienes están manejando el nombramiento y cambio de gobernadores no tienen ni mínimamente los méritos y las cualidades pertinentes, peor aún si se trataba del cambio de una persona decente y capacitada, tan escasa en ese partido.
José Calderón es uno de los pocos dirigentes nacionalistas que trabajaron todo el tiempo organizando a los nacionalistas desde que se fundó el PN y no es como los que aparecen solo en los procesos electorales para pelearse por una candidatura o para acomodarse sumisamente en algún cargo público con intereses inconfesables, como es el caso de la artífice del cambio, o peor aún como los que después de la derrota electoral del 2006 se pasaron a militar en otros partido, como es el caso del sucesor del gobernador.
Es increíble ver como en todo el país el partido de Ollanta Humala se está convirtiendo en una olla de grillos, pirañas y cuervos que buscan sacar provecho personal porque poco o nada les interesa que el presidente Ollanta Humala haya cambiado su oferta electoral de la Gran Transformación y el cambio de modelo económico y de Constitución por el programa de Fujimori, Toledo y García. ¿Cuándo estos arribistas se revelarán contra esta estafa política y alta traición al pueblo? Nunca, porque a estos oportunistas no les interesa el futuro del país sino solo el de sus bolsillos.
Los pocos dirigentes honestos que no aceptan someterse al bastón de mando de las camarillas y caudillos, como el Dr. Calderón, seguirán siendo gente inservible para los nefastos planes autoritarios, burocráticos y corruptos de los que manejan los hilos del poder de un gobierno de esencia neoliberal que favorece a los ricos que ofreció combatir y que no quiere cambiar este país donde rige el entreguismo, la corrupción y la violencia delictiva.
¿Cuál será el desenlace del partido nacionalista y de su gobierno? No lo sabemos. Pero el hecho de constatar que solo en algunos meses de gestión hayan conseguido ocupar el primer lugar en el Congreso en cuanto a parlamentarios investigados y sancionados por corruptos y mentirosos es una señal importante sobre el futuro que tendrán los nacionalistas y de los resultados desastrosos de su mandato.
Pero, como el mundo no se detiene y está en constante cambio, nuevos movimientos y partidos políticos, más honestos y democráticos, surgirán desde dentro y desde abajo para acudir al llamado de los más pobres que desde hace casi 200 años siguen reclamando una Patria libre, culta y democrática, con justicia social, identidad cultural, sin corrupción y sin traiciones. Chimbote y Ancash no serán la excepción.




