lunes, 24 de agosto de 2026
Libre Opinión

El galeón verde, una saga narrativo-infantil de Antonio Morales Jara

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El galeón verde, una saga narrativo-infantil de Antonio Morales Jara

Chimbote en Línea (Por: Ricardo Ayllón) Nietas de las novelas de folletín, aquellas que se publicaban por partes en los diarios de mayor circulación durante el siglo XIX (como el folletín –llamado en italiano ‘romanzo d'appendice’– con que Emilio Salgari publicó sus novelas acerca del príncipe malayo Sandokán); o hijas de las seriales de cine de mediados del siglo XX (como “Los tambores de Fumanchú” o “Los peligros de Nyoka”, entre las más célebres), las actuales novelas producidas en sagas tienen la particularidad de mantener en vilo al lector casi con la misma fórmula empleada por las especies citadas líneas arriba; es decir: presentando una aventura con un protagonista (o protagonistas) definido, y haciéndolo recorrer otras nuevas que serán publicadas en volúmenes sucesivos.

Este fenómeno se produce ahora y, por lo general, en narrativa para niños y jóvenes; y se ha convertido en un verdadero acontecimiento mundial que hace las delicias de los editores, pues, si la primera trama y el talante de su protagonista consiguen seducir y atrapar al joven lector, el éxito comercial está asegurado. Y más aún si el fenómeno se produce en literatura y cine al mismo tiempo, como ocurre con las sagas de Harry Potter (la de los magos adolescentes) o de “Crepúsculo” (la historia de los vampiros juveniles), solo por dar un par de ejemplos harto conocidos.

No sé si es esto lo que se ha propuesto el escritor Antonio Morales Jara con la historia del “Galeón Verde”, aunque él ya viene anunciando desde la publicación del primer volumen que su saga se compone de cinco libros.

Sea como fuere, lo que ha hecho ahora con la segunda entrega es envolver al lector en un argumento mayor que logra ser atractivo para los niños por contar con un par de elementos que refuerzan su interés: el viaje de una nave en busca de tesoros y una tripulación comandada nada menos que por un adolescente (casi un niño) acompañado de otros muchachos casi de su misma edad. Tras esta trama general, cada volumen de la serie cuenta con su propia subtrama específica, en la que aparece el otro ingrediente esencial para la narrativa infantil-juvenil: el de la fantasía.

Pese a que se trata de jóvenes inexpertos en viajes marítimos, este grupo de tripulantes logra sobreponerse a tal impedimento gracias a su carácter no solo aventurero, sino también a uno que requiere de valor y entrega total para ir tras lo desconocido. Y lo desconocido, en este caso, tiene la forma de la fantasía, porque estos aventureros no solo arriban a parajes de los que nunca escucharon hablar, como la Isla Blanca de la primera entrega (“El galeón verde. La maldición de la isla blanca”) o el pueblo de Tornasquén, en la segunda (“El galeón verde. La batalla de los dragones gemelos”), sino que se enfrentan además a circunstancias, personajes y espacios que son propios de un mundo imaginado, pero que en estos libros se vuelven verosímiles gracias al manejo estilístico del autor.

De lo que se trata aquí es de lo siguiente: Américo (el heredero y capitán del Galeón Verde) junto a sus amigos viajeros, parecen ser los únicos seres lógicos, reales, de esta gran historia; pero en su empresa por los mares del planeta no consiguen llegar a puertos conocidos de la geografía mundial, sino a parajes ficticios, con personajes que definitivamente pertenecen al universo de la fantasía, cargado de magos y hechiceros que profetizan eventos, reyes con poderes especiales, montañas que atesoran dragones, objetos poderosos que transforman a los seres vivos en inanimados, o un libro misterioso que secretamente parece contener el cúmulo de sucesos que en cada episodio afrontan nuestros protagonistas.

Realidad versus fantasía, sensatez contra irrealidad dentro de una misma ficción: provoca pensar que tales aventuras nunca tendrán un final, pues la imaginación tampoco lo tiene. Por eso me pregunto cómo hará el autor para dar fin a un contenido tan atractivo en cinco volúmenes. Aunque esta interrogante ahora no debe ocuparnos, sino solamente el disfrutar del viaje de este Galeón Verde que en su segunda entrega ofrece, más allá de lo narrado, el temple de estos viajeros que poco a poco van conociendo la naturaleza de un destino trazado por ellos mismos; que gradualmente irán descubriendo sus preferencias afectivas (debemos saber que estos muchachos viajan en número igual de hombres y mujeres); y paulatinamente sabrán apreciar también los beneficios de ayudar al semejante sin condiciones a cambio (que es una de las características principales de Américo), y la ventaja de sentimientos categóricos en toda época y circunstancias como los de la lealtad, la esperanza, el respeto por el otro (así sea de otra cultura), pero también el de juzgar y castigar cuando es necesario, y dar la guerra cuando la vida corre peligro.

Sinceramente, sería genial que las correrías de Américo (nombre que es un evidente homenaje a Américo Vespuccio, el otro descubridor de América), no terminen nunca, y que su autor siga brindándonos nuevas hazañas de este nuevo marino.

De hecho, se trata de un muchacho creciendo y madurando en pleno viaje hacia lo desconocido, y nada mejor que esto para interpretarlo como una alegoría de la vida misma. Porque ¿no es acaso la vida una travesía que no sabemos qué sorpresa nos esconde a la vuelta de la esquina, o, en este caso en particular, en el próximo puerto en el que anclaremos? Un hecho que, sin embargo, no nos impide ver la vida con esperanza. Y es por esta razón particular tal vez que el color de este galeón es verde, sin duda, el matiz habitual de la esperanza.
 

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